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UMMO-Ciencias

Sitio dedicado al estudio racional del asunto UMMO

D103 Los ummitas en Albacete. Carta a Ignacio Darnaude sobre el tema de "la mano cortada".

UMMOELEUEE

Señor Ignacio Darnaude Rojas-Marcos

SEVILLA SPANA

Número de copias: uno

(NOTA: Esta carta se ha recibido en Sevilla el día 12 de Diciembre de 1972).

 

Señor nuestro:

 

No hace apenas muchos días cuando mis hermanos desplazados en su nación le enviaron desde Madrid en el contexto de una carta remitida a su hermano señor Rafael Farriols Calvo, un respetuoso saludo para usted. Permítanos reiterárselo hoy con genuina devoción y estima.

 

El motivo de esta breve carta le expongo a continuación:

 

Nosotros nos sentiríamos dichosos si hiciesen un esfuerzo para desarrollar sus investigaciones en Albacete, con más sigilo. Nos consta que éstas han trascendido a un reducido sector de la población, que ya es consciente de algunos aspectos ambiguos de esta Historia.

 

Mis hermanos guardan una gran simpatía y respeto por esa gran señora hermana suya de España: Señora Margarita Ruiz de Lihori que tuvo la gentileza de ser hospitalaria con los míos:

 

 Permítanos señor Ignacio, asegurarle que las versiones circuladas en su nación acerca de esta dama, son en gran parte inexactas y dolorosamente injustas. Nosotros aceptaremos la responsabilidad que nos atañera, que se cifra en haberse creado un ambiente enrarecido y ambiguo, debido a nuestra presencia. Usted bien sabe que cualquier concatenación de hechos, cuando se les rodea de factores enigmáticos y ex­traños, adquiere nuevas dimensiones, que los profanos en el tema se esfuerzan casi inconscientemente en desorbitar para hacerlos aparecer a veces como inmorales, y hasta criminales.

 

Nosotros desearíamos aportarle alguna vez pruebas, de que ninguno de los que participaron en aquellos autos, obró violando las le­yes de su respetable nación o impulsado por motivaciones deshonestas.

 

Por ello nos dolería que nuevas investigaciones de ustedes levantasen nuevas heridas; o nuevas razones falaces de desprestigio para su hermana ya fallecida.

 

No considere usted señor Ignacio Darnaude, nuestra petición respetuosa como un exhorto para que cesen tales estudios. Usted es un humano libre y sabe que nadie podrá ni deberá coaccionarle en este sentido. Mas: ¿No considera usted razonable nuestra súplica de que tales análisis se hagan de manera que no trasciendan a hermanos suyos poco preparados que puedan pervertir, aún sin maldad, tales informaciones?

 

Nos anima al dirigirnos a usted, el hecho de que su personalidad muestra rasgos de humano prudente y cauto. Sabemos que usted ha formulado en más de una ocasión serias dudas respecto a nuestra identi­dad y ello constituye una sabia actitud ante unos seres desconocidos como somos nosotros.

 

¿No piensa usted que en nada puede favorecer a sus herma­nos hacer excesiva publicidad en torno nuestro?

 

Cualquiera que sea el juicio que les merezca a ustedes como grupo, que asegura proceder del planeta Ummo, convendrá sin dudarlo, sobre la inoportunidad de concedernos excesiva atención.

 

Veamos la razón:

 

Si como piensan algunos hermanos suyos, mis hermanos y yo mismo pertenecemos a algún grupo humano terrestre, a determinada orga­nización más o menos esotérica, movidos por resortes de carácter financiero, político religioso o filosófico hacia objetivos de dudosa moralidad y de carácter militar, proselitista, delincuente, subversivo..., Usted mismo comprenderá que en ningún caso convendría crear un alarmismo exagerado y suscitar en la opinión pública un interés del que el primer benefi­ciado sería tal hipotética organización. Por el contrario se impondría denunciarnos a las autoridades de sus respectivas naciones, a las organizaciones de policía internacional con el fin de que abortaran estas presumidas actividades antisociales.

 

Si como otros hermanos sospechan, fuéramos alguna secta o sociedad que utiliza la falaz denominación de Ummo para enmascarar actividades de carácter científico, de investigación sociológica etcétera, sin la más leve intencionalidad antiética ¿No piensa usted que podría perturbar sus fines nobles generar una excesiva publicidad en nuestro entorno?

 

Si somos un pequeño grupo de bromistas esparcidos por di­versas naciones, engendrar a nuestro alrededor propaganda de nuestra fraudulenta identidad equivaldría a hacerse cómplices de tal engaño.

 

Y si finalmente, como nosotros aseguramos formalmente, porque sólo a nosotros nos constan la autenticidad y eticidad de nuestro testimonio, somos viajeros procedentes de nuestro planeta, entonces las razones para guardar reserva y cautela en declaraciones que puedan filtrarse a unos macrogrupos sociales de Tierra, son obvias y no necesitamos reseñárselas,

 

Entre los contados ciudadanos de España que conocen este para ustedes poco clarificado asunto, vemos en usted al humano prudentemente escéptico con ansias investigadoras sin límite. Cualquier hipótesis que se formule usted sobre nosotros -peyorativa o admirativa- ha de ser coherente con los razonamientos arriba expuestos: que se sintetizan en convenir la no procedencia en concedernos excesivo crédito por una parte, y en acordar entre usted y sus hermanos no desarrollar excesiva publicidad. Pensamos que usted podría actuar como prudente moderador de algunos entusiastas hermanos suyos de España, haciéndoles ver la necesidad de mostrarse reticentes frente a nosotros.

 

Nuestro objetivo declarado, se cifra hoy, en que ustedes sean depositarios de unas informaciones sobre los seres de Ummo que algún día podrán constatar, sin estas dolorosas y desagradables dudas. Por ello no podemos evitar el contacto con ustedes que sería la mejor solución para coartar todos los riesgos que le estamos exponiendo.

 

Como contrapartida, tengan ustedes paciencia y no nos concedan crédito. Creemos que la actitud más prudente es la del humano que conserva nuestra información, y exponga sin rebozos al mismo tiempo una seria critica a la exposición testimonial nuestra, negándose en principio sin más pruebas a la aceptación de nuestras inevitables afirmaciones. Centenares de veces hemos reiterado este consejo en varios idiomas y canadienses y españoles han sido los que menos audiencia les han prestado.

 

Reciba señor Ignacio nuestros más cordiales saludos.

 

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