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OUMAUAELEWEE

Courrier.

M. Antonio Rivera Jordá

BARCELONA - ESPAGNE

Septiembre de 1968

 

Respetable Señor:

 

Nos atrevemos a remitirle este texto mecanografiado sin que medie un previo vínculo de amistad personal con usted, confiando en que poseyendo a través de otros canales informativos íntimos algunos datos ambiguos sobre nuestra existencia en TIERRA, prestará al menos atención a nuestro saludo.

 

Permítanos señor Antonio Rivera, que sin más aclaraciones pertinentes nos presentemos:

 

Dicta esta carta Xoodou sept. fils de Xoodou quatre y soy elemento individual de un conjunto social reducido, expedicionario arribado a este globo solidificado procedente de otro cuyas características físicas son similares a TIERRA cuya grafía aproximada podría reflejarse a partir del fonema que nos es familiar, así; Oumo ( “m” prolongada en la pronunciación) Su situación relativa a la del planeta TIERRA era el día ocho- Juillet-1967 a las 21h 18m. TMG 14.421 años-luz (distancia aparente en el medio tridimensional habitual)

 

No estamos integrados de este modo, en el grupo zoológico humano de este globo solidificado.

 

Esta presentación, señor Antonio Rivera, debería ser desconcertante para su mente, de no haber recibido referencias preliminares atribuibles a otros hermanos terrestres de España referidas a nuestra identidad.

 

Nosotros le invitamos a valorar todos estos datos, con imparcialidad y método dentro de la lógica operativa conocida por TIERRA. No olvide usted que para aceptar una revelación sorprendente sin duda, es exigible que vaya acompañada de pruebas convin­centes, soslayando aquellos rasgos del asunto, que por su brillantez y sugestividad puedan inducirle a error.

 

Naturalmente, el solo testimonio enunciado a través del canal postal y procedente de unos hombres desconocidos, no debe ser jamás adoptado como válido. Es presumible por tanto que no deseemos extorsionar su claro juicio ya integrado en su mente, ni en pro ni en rechazo de nuestra identidad. Si adoptase consecuentemente una actitud hipercrítica e incluso escéptica a ultranza nos parecerá siempre ortodoxa e inteligente.

 

Seguramente constituirá sorpresa para usted, saber que en mes de Abril 1965, hermanos míos residentes en España, incluyeron su nombre junto con los de sus hermanos.

 

Ahora deseamos elevarle una súplica, lejana por tanto de toda oculta intención de coaccionarle. Invocamos para ello tan sólo su razón y su sensibilidad espiritual. Ni siquiera el respeto a unos seres a los que usted no conoce y que por tanto podrían ser unos impostores.

 

Le invitamos que analice este extremo y su objetividad. Si en efecto somos impostores, dementes, bromistas o componentes de una organización, militar, secta o grupo religioso, científico, mercantil terráqueos, cualquier testimonio suyo avalando nuestra identidad “desenmascarados” desprestigiando su buen nombre.

 

Si en efecto nuestro testimonio es ortodoxo, fiel a la realidad objetiva, una difusión de la noticia a escala geopolítico, harto delicado para los terráqueos, generando alarmas incontro­lables entre hermanos, y provocándonos serios trastornos al ver­nos obligados a evacuar este globo solidificado, abandonando una pacífica misión de estudio.

 

Una tercera hipótesis para que este juicio no pueda presentar rasgos sofísticos podría ser desarrollada por usted: que nuestras intenciones encubran con un bello ropaje de praxis pacífica, planes belicosos o de exterminio para sus instituciones y moradores de este globo terráqueo.

 

Observe que si así fuera, no tendrían explicación nuestros mensajes, ni esta misma misiva. Cualquier hermano suyo es­pecializado en logística militar le asesoraría a usted que la reserva más absoluta seria una premisa indispensable para el novelesco supuesto.

 

Sirven estas consideraciones a nuestra cordial súplica? No ponemos objeciones a que en sus propias publicaciones o en declaraciones suyas a los medios de comunicación social, haga alusiones a nuestra existencia, instituciones, cultura, religión, procedencia... o inserte fragmentos de nuestros escritos y reproduzca nuestros gráficos, respetando siempre la fidelidad de trascripción.

 

Le rogamos tan sólo que al emitir su propio juicio sobre nuestra problemática identidad, y sobre la idoneidad de nuestros testimonios, no se esfuerce en avalarla con una critica positiva, simule siempre cierto grado moderado de escepticismo, se inhiba de refrendar con argumentos convincentes sus propias transcripciones.

 

Y no olvide que la filtración de ciertos datos hacia organismos estatales puede provocarnos serios perjuicios.

 

Un apoyo real le será ofrecido en el caso poco probable de que la difusión de tales noticias provoque un fermento social indeseable. No nos sería entonces difícil simular la naturaleza fraudulenta de estos testimonios, desprestigiándolos eficientemente. Su buen nombre quedarla incólume.

 

Reciba, señor Antonio Rivera mi respetuoso saludo. Espero reciba nuestras noticias tan pronto estemos autorizados por aquellos que constituyen nuestra jerarquía.

 

Señor Buelta y señor Dayans, en el seno de una rela­ción de presuntos corresponsales nuestros a los que ofrecer nuestras noticias cabe el testimonio de nuestra existencia dentro del marco social terrestre.

 

La omisión de este propósito no deberá atribuirse a olvido, actitud despectiva o temor a presuntas reacciones de lógica incredulidad.

 

Mas ustedes mantenían ciertos vínculos en una red organizada para el análisis de los llamados “objetos espaciales sin identificación” con un grado de prestigio y posibilidad de acceso a los medios de difusión social nada despreciables, mientras nuestro

criterio de relación social con hombres de TIERRA ha sido establecer tan sólo conexiones con seleccionados individuos enmarcados en diferentes niveles de culturales y sociales que, bien por su probado autismo o equilibrada reserva mental o en otros casos por su oligo­prestigio intelectual, no constituyesen presunto riesgo para nosotros.

 

Usted mismo puede deducir sin argumentos más especiosos que nuestra misión de estudio en este globo solidificado exige un grado elevado de reserva. Creemos que mantenemos un margen lato de seguridad, no dándonos a conocer oficialmente, ni aportando pruebas constatables que ayuden a los órganos técnicos gubernamentales a confirmar nuestra existencia (los documentos escritos de nuestra procedencia están siempre elaborados con materiales tópicos).

 

Cualquier indiscreción de uno de sus propios hermanos sería por otra parte esterilizada fácilmente.

 

Estas severas medidas no son en modo alguno indicio de “complot” a escala internacional, ni prueba de una presumible intencionalidad perversa de mis hermanos. No dude, señor Antonio Rivera, que una toma de conciencia de nuestra existencia real entre ustedes, provocaría gravísimas alteraciones, cuya ilicitud moral encaja en nuestros respectivos códigos de ética. Le aseveramos que no poseemos intención de intervenir en el fluir evolutivo de su marco político­social terráqueo y que podemos aportar pruebas de nuestro aséptico proceder en el curso de esta provisional convivencia entre ustedes.

 

Empero otros hermanos compatriotas suyos recibieron nuestras noticias. Comprendemos que en el transcurso del tiempo, fuera inevitable una filtración de tales referencias de la ciudad de Barcelona. Fue el precio de un intento semifrustrado de integrar en Madrid un reducido grupo de varones y mujeres terráqueos para ensayar a microescala colectiva, el impacto que provocaría en mentalidades latinas una noticia singular.

 

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